Patologías más frecuentes: ¡haz Pilates!

El Pilates como técnica de movimiento en la que trabajamos la conciencia corporal, y con ella el control y la precisión en los movimientos, es una de las disciplinas más adecuadas para trabajar y mejorar la mayoría de patologías. Así como ante un episodio de dolor agudo se debe guardar un reposo relativo, para la gran mayoría de problemas está más que recomendado el movimiento (bien hecho, claro).

Razonemos esta premisa: para empezar, la estaticidad conlleva rigidez al contraerse unos grupos musculares cuando otros no están haciendo su función. Esto genera descompensaciones, lo que al final se traduce en unos músculos que trabajan por otros, pudiendo generar dolor en las estructuras que sufran más “tirones” (fuerzas de tensión) incluso llegar al daño estructural y la lesión. Es por esto que es necesario que todas las partes funcionen de la manera para la que han sido diseñadas: con movimiento articular amplio pero controlado por la musculatura. Es necesario que todos los músculos trabajen, de manera que no aparezcan descompensaciones, es decir, que realicen bien su función.

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La musculatura es la parte del cuerpo que se encarga de ponerlo en movimiento, a través de sus inserciones óseas: al contraerse tira de los huesos, y por lo tanto produce los movimientos articulares. Además el movimiento fomenta el crecimiento de las células y estructuras circundantes así como su hidratación y aumenta el riego sanguíneo, beneficiando así a los mecanismos de regeneración. Es decir, un músculo que no se mueve se atrofia y hace que se atrofien el resto de estructuras, se hace más pequeño, lo que puede resultar en lesión cuando mueve (de forma ineficiente) las articulaciones con las que conecta. Todos los tejidos necesitan de la estimulación que produce el movimiento: incluso para ciertas lesiones (sobre todo lesiones leves) se está comenzando a cambiar el paradigma del reposo o la inmovilización (técnica RICE, ver artículo de http://www.fitnessrevolucionario.com/2016/11/05/lesiones-no-apliques-hielo-ni-reposes/).

Ya traemos de serie un sistema de aviso: la sensación de dolor, que nos avisa de los daños en los tejidos. Aunque, como veremos más adelante, en ocasiones este sistema se desajusta, y la sensación no corresponde con el daño tisular (como sucede con el dolor crónico), normalmente funciona como un sistema de aprendizaje a través de la experiencia de las situaciones u objetos que pueden suponer un peligro.  Por lo tanto, no tendría por qué ser necesaria la inmovilización total en el caso de ciertas lesiones leves, si hacemos caso a nuestro sistema de aviso, de manera que así no interferimos en el proceso de regeneración tan importante que supone el movimiento.

Lo mismo sucede si interferimos en procesos inflamatorios: el frío o la medicación antiinflamatoria frenan este proceso sólo para aliviar nuestro dolor. Este dolor es necesario, ya que probablemente es la “inmovilización” natural que necesita esa estructura que ha sufrido lesión. Además, si interferimos en el proceso de inflamación no estamos ayudando a nuestros mecanismos de regeneración, más bien lo contrario, los frenamos, por lo que la recuperación será más lenta. No quiero decir que dejemos de aplicar hielo en algunas circunstancias o de tomar en ocasiones medicación contra el dolor, pero hay que valorar siempre la situación y elegir cómo queremos influir en el proceso de recuperación.

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Pero no todo es tan sencillo: en nuestra vida muchos factores (ambientales como el tipo de dieta, hábitos, etc. o genéticos) que nos dificultan o imposibilitan que nuestros sistemas funcionen correctamente: lesiones musculares, patologías genéticas, mecanismos de dolor crónico (o alteraciones del funcionamiento normal de daño de tejidos-sensación de dolor) son algunos ejemplos.

Desde nuestro campo de acción, el movimiento eficiente, podemos deducir que el movimiento es una buena solución a la hora de mejorar ciertas patologías. Hablaremos de algunas de las patologías y lesiones que nos encontramos con más frecuencia.

Patologías y lesiones frecuentes y cómo puede ayudar el Pilates

La fibromialgia es una patología compleja caracterizada por dolor difuso, acompañada a veces de cansancio y trastornos del sueño. En esta patología desde nuestra perspectiva es imprescindible el movimiento. Primero, el tomar conciencia, e ir incrementando la capacidad de sentir cada vez de forma más precisa cada parte del cuerpo. Segundo, intentar movilizar cada zona, fortaleciendo de manera equilibrada y evitando así más dolores.

Cuando hay dolor crónico (la causa puede ser cualquiera, pero son más frecuentes la fibromialgia, las hernias discales, lumbalgias y cervicalgias) el síntoma del dolor puede y seguramente no esté asociado a un daño estructural. Cuando se genera un daño, nuestro sistema responde con dolor (para protegernos, y que aprendamos a evitar esas situaciones a través de la experiencia).

Si el dolor perdura en el tiempo, puede haber varios factores que influyen en que se siga generando dolor: desequilibrios musculares debidos a la rigidez o tensión generada por la musculatura al percibir un peligro, que continúen existiendo daños estructurales, que la causa del daño continúe dándose, etc. Pasado el tiempo comienza a haber más desequilibrios que empiezan a transmitirse al sistema nervioso el cual se inflama y reacciona con dolor ante otras sensaciones. Además, el factor psicológico es clave, el dolor genera estrés, y el estrés mantenido genera también procesos inflamatorios. Por el contrario estados de calma pueden ayudar a mejorar esta situación.

Por eso con Pilates además de trabajar físicamente, también puede mejorar el nivel de estrés cuando lo practicamos de manera más relajada, como una actividad dedicada a la recreación y placer personal.

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En cuanto a las primeras fases de una hernia discal, también puede suponer una buena actividad ya que desde el inicio trabajamos estabilizando la columna. Para empezar enfatizamos en la conciencia corporal y la posición neutra, de forma que trabajamos una estabilidad estática para más adelante conseguir la estabilidad dinámica, cuando no hay dolor, asegurándonos de que podamos controlar el rango articular sin sufrir compresiones en los discos intervertebrales.

Es importante en estos casos conocer la biomecánica de la columna vertebral, como amortiguadora de fuerzas. Si cada zona de la columna trabaja con su movimiento, no debería haber problema. Pero si hay alguna zona que se mueve de manera forzada (como por ejemplo, excesiva flexión en una zona lordótica como la columna lumbar) o si hay alguna zona inmovilizada, probablemente otra parte de la columna esté realizando su función, y esté recibiendo un exceso de fuerzas. Por ejemplo, la columna cervical, que es la más móvil de todas, podría, en algunos casos estar realizando la función de otra parte de la columna (como en movimientos de extensión, podría pasar que las cervicales compensan la falta de extensión en la columna torácica), pudiendo sufrir algún tipo de daño.

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En cuanto a una lumbalgia o lumbago, puede cursar como hemos comentado anteriormente como dolor crónico en la zona lumbar. A veces sucede que la musculatura de la columna trabaja de manera descompensada, los músculos más grandes hacen todo el trabajo, y los pequeños comienzan a dejar de moverse. Al final o bien por un exceso de movimiento de unos, o por la atrofia de otros surge dolor o lesión. En estos casos también aseguraremos un   trabajo equilibrado de toda la musculatura, de los músculos más profundos, aunque también de los más superficiales.

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La estenosis de columna es una afección en la que se da un estrechamiento del canal medular o del agujero intervertebral por el que pasan las raíces nerviosas, en la que se puede dar una compresión de los nervios. Es probable que el movimiento de la columna hacia la extensión pueda agravar los síntomas, así que conociendo el lugar de la patología, podremos movernos sin llegar a posiciones de extensión de columna que pudieran agravar el problema.

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Espondilolisteis es una condición en la que una vértebra se desliza hacia adelante sobre la de abajo. Es una afección degenerativa y suele ocurrir como consecuencia del proceso general de envejecimiento, en el que las estructuras blandas encargadas de mantener la integridad articular (ligamentos, tendones y músculos) y las duras (huesos) comienzan a debilitarse. Suele ocurrir en las vértebras lumbares, y de la misma manera que la estenosis, puede causar una compresión nerviosa. Por lo tanto, actuaremos de manera similar a la patología anterior, siempre conociendo el lugar de la lesión a través de los informes médicos.

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La osteoporosis es una enfermedad caracterizada por la disminución del tejido óseo, por lo tanto, las trabéculas y estructuras de los huesos se deterioran, resultando en un aumento de la fragilidad de los huesos y un aumento de riesgo a sufrir fisuras y fracturas. Como ya hemos comentado antes, los tejidos necesitan estimulación para poder regenerarse, en este caso, la regeneración ósea es fundamental. Para ello, la encargada de movilizar, y por lo tanto, estimular los huesos es la musculatura. El trabajo muscular será fundamental, siempre y cuando teniendo en cuenta que en esta patología hay riesgo de fractura, y sabiendo mediante el informe médico si se encuentra acentuada en alguna zona del cuerpo. Trabajaremos de manera progresiva, estimulando el movimiento pero con poca carga al inicio y más repeticiones, sin llegar a posiciones de riesgo (como por ejemplo, para una osteoporosis de columna, no hacer excesiva flexión en esta zona).

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En conclusión y como siempre digo, ¡muévete! como manera de prevenir, rehabilitar y en definitiva, de estar saludable “keep on moving”.

Sara Martín, Directora y Técnico de Pilates OnMove, San Cugat (Barcelona)

www.pilatesonmove.com

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